Hace dos semanas ando buscando trabajo. Yo sé que no lo parezco, ni parezco una persona respetable ni nada de esas pendejaces pero para el que no lo sepa, pues yo me dedico a la contabilidad pública. Sí, planillas, contabilidad en general, estados financieros y hago que los números se vean bonitos para que la gente con dinero pueda hacer préstamos de cantidades que yo sueño tener algún día en mi cuenta bancaria.
Bueno, pues mi historia es que en éstas últimas dos semanas he ido a dos entrevistas la cual una me gustó mucho y espero resultados pronto. La otra entrevista... esa es la verdadera historia.
El día que fui a la primera entrevista me llamaron de esa segunda en el estacionamiento del lugar donde estaba. En primer lugar, cuando escuché a quien me llamó, no me parecio muy ameno que digamos, pero le dije que sí estaba disponible para ir a la entrevista, así que me citó. Me había dicho que la entrevista era el viernes, 31 de diciembre. No me gustó la idea de ir a la entrevista ese día, pero igual acepté. Tampoco me gustó que fuera en Carolina ya que vivo en Bayamón y salir todos los días a tan lejos con una paga que a lo mejor no era tanto me pareció estúpido. Para eso me quedo cogiendo desempleo y gasto menos dinero. Bueno, a fin de cuentas, el jueves, 29 de diciembre, me da con que no quiero ir a la entrevista. Piché a mi instinto de súper-profesional y puse mi alarma para despertarme a las 6:00 a.m. para poder llegar a tiempo ya que la entrevista era a las 8:00 a.m. y no me gusta llegar tarde a los sitios.
Llegó la hora de levantarme y le piché a la alarma. No quería ir al sitio ese, en serio, y no sabía por qué. Le digo a mi esposa que no quiero ir y me dice que me quede durmiendo. Traté de picharle al asunto pero por no ser irresponsable y cumplir con mi palabra me levanté y me preparé para irme. Me monté en el carro y tenía ganas de virar para mi casa, sinceramente. Pero seguí mi camino hacia la entrevista. No había mucho tráfico, así que llegué allá como a eso de las 7:30 a.m., a tiempo. Lo curioso es que era en un lugar que se llama Saint Just y era cerca de una cancha de baloncesto. El lugar ya era más o menos como un campo. Seguí hacia donde era y entré al local. Era un lugar de almacén, como los almacenes que uno renta para guardar cosas si te mudas o algo así. Me estuvo bien raro. No había nadie. Había otra muchacha que parece que iba a entrevistarse también, un señor mayor y luego llegó otra mujer más.