Oscuro y vació...
La tempestad nos arropa con sus enormes lágrimas.
El silencio del caído se hace sentir en Su presencia.
Tu “espíritu santo” ya no es tan santo como creías;
Al oscurecerse tu cielo ya no queda nada de lo que había.
La oscuridad arropa una blanca y tenue lapida
Donde solloza una mujer en su dolencia.
Lagrimas de sangre se deslizan por su mejilla
Suave y dolorosamente va perdiendo su esencia.
El dolor consume todo lo que un día en ella vivía,
Y los sueños inconscientes que dormían en su mente.
El preludio de los muertos ha comenzado.
j.darko
© 2009